#Offtopic Relato de ficción: "Inner World" - Mundo Interior

#Offtopic Relato de ficción: "Inner World" - Mundo Interior

Imagen de angel

Este Sábado publicamos otro relato de ficción de nuestros creativos. Según "Álvaro", la creatividad nace de dentro...

 

Inner world – Mundo interior (Año 2.009)

 

Manzana partida

Aquella mañana de Domingo Álvaro estaba en su dormitorio, mirando concentrado los dos trozos de una manzana partida por la mitad, que había puesto sobre un folio en su cómoda. Cerró los ojos, y visualizó la mitad de la derecha recibiendo la energía que él le enviaba...

 

Para entender qué le motivó a tal experimento, nos adentraremos en su personalidad. Álvaro era un chico de 35 años, ingeniero en informática, postgraduado en prestigiosas escuelas de negocios y marketing. Se dedicaba a dirigir varias empresas pequeñas que había ido creando en los últimos 8 años, con base en Internet.

 

No fue un chico superdotado, más bien despierto y con cierta sana ambición. Por su perfeccionismo e independencia, no solía tener pareja.

 

Buenos amigos no le faltaban. Era reservado, pero sociable. Un poco tímido, aunque quienes le conocían, sobre todo las chicas con las que había mantenido una amistad más íntima, decían que de tímido no tenía nada. Sin embargo, él bromeaba diciendo que era tímido. En el fondo, realmente lo era.

 

No conocía a nadie más optimista que él. Era prudente y siempre fue el más formal de sus amigos de la infancia, con quienes mantiene una relación que le enriquece en lo personal. Era analítico y frío manejando situaciones y problemas, aunque él prefería decir que no era frío, sino que modulaba la temperatura: era cálido cuando procedía y frío cuando era necesario.

 

Físicamente era un chico normal, 1,77 de altura, moreno, bastante delgado, con bonita sonrisa según le decían. Pocos complejos, sólo uno con una frustración en su carrera de ingeniería en la que un año, un cúmulo de circunstancias le hicieron finalizar por debajo de sus expectativas. Es una espinita que aún no se había sacado.

 

Álvaro, desde no recuerda cuando, quizá desde los 14 años, tenía a veces el pensamiento de que podía haber universos paralelos, así como, que con el pensamiento se podrían hacer realidad fenómenos como la telequinesis, telepatía, etc. Algo así como un sexto sentido inexplorado.

 

En su adolescencia sucedieron fenómenos paranormales en el cortijo familiar donde veraneaba. Él los atribuyó a telequinesis por su parte, en lugar de a espíritus o algo similar. También por esta época había jugado con la Guija, en sesiones de espiritismo. El pensaba que la Guija era una mezcla de telepatía con micromovimientos subconscientes de los dedos que tocaban el vaso. Similar a los movimientos en la autohipnosis.

 

Un año antes, a sus 34 años, por curiosidad y por adentrarse en el mundo del Tarot, debido a un proyecto web que realizó su empresa para un cliente, hizo un curso de control mental (método Silva), en el cual su escepticismo incomodaba a la instructora, pero con la mentalidad muy abierta se predispuso a experimentar.

 

Para Álvaro, su principal hobby era aprender. Le encantaba ver documentales, aprovechar el conocimiento de cualquier amistad sobre su profesión o disciplina. No veía la tele, nada más que las noticias almorzando, y hacía televisión a la carta con Internet, normalmente todo en inglés para mejorar el idioma y “matar 2 pájaros de un tiro”. Le gustaba aprovechar el tiempo.

 

El cine visionario era uno de sus preferidos, aunque también le gustaban los films de intriga y las comedias románticas. Las de terror no le resultaban agradables y no solía verlas.

 

Era una persona eminentemente científica, pero abierta en todos los sentidos. Y pensaba que una gran pena de la humanidad era no tener el tiempo suficiente para disfrutar, experimentar, y conocer multitud de facetas interesantes que quedarían en el tintero.

 

Para saciar su inquietud, también se descargó manuales de hipnosis por Internet y leyó al respecto, hizo algunas pruebas y le llamaron la atención. Era un campo en el que por simple curiosidad quería profundizar.

 

Le fascinó cuando conoció el transhumanismo por Internet, a raíz de un documental sobre crionización que vio en televisión. Estuvo meses disfrutando y aportando en los foros. Tenía desde adolescente siempre en mente esas ideas, que él siempre se había planteado, y le encantó conocer personas que las compartían y habían profundizado sobremanera.

 

En algunas ocasiones, desde pequeño, Álvaro pensaba que si se proponía algo y estaba realmente convencido, con el pensamiento podría hacer determinadas cosas, hasta el punto incluso de volar. Afortunadamente nunca lo intentó.

 

De pequeño, Álvaro le daba patadas a cualquier piedra que encontraba de camino al colegio o paseando por la calle, y en ocasiones la piedra se levantaba del suelo cuando él lo pensaba, golpeando la espalda de otro chico en alguna ocasión, tras haberlo imaginado, o el bajo o la trasera de un coche aparcado. Pensaba que era mucha casualidad ese sincronismo que en ocasiones ocurría, y que quizá él era quien hacía con el pensamiento que la piedra se levantase. Tenía bastante puntería lanzando piedras o dardos, como si tuviese cierto control sobre ellos. En alguna ocasión ganó en juegos de dardos de la feria de su ciudad, acertando en la diana. Pasaba todos los veranos, Navidad, Semana Santa y fines de semana, en un cortijo con un río y laderas salvajes llenas de maleza, zorros, jinetas y otros animales. Él lo llamaba la selva, y allí excavó cuevas, hizo presas, y tuvo una enriquecedora infancia que no cambiaría. De ahí surgió una afición a los machetes, arcos que se fabricaba, etc. Lanzaba los machetes y un hacha pequeña con bastante puntería.

 

A los 35 años, Álvaro pensaba que con la física cuántica podía haber una base científica para determinadas cuestiones, y se planteó que merecía la pena dedicarle un tiempo e investigar.

 

Álvaro llegó a pensar (sin mucha convicción) que podría modificar su cuerpo, incluso su ADN si se lo proponía, pues había personas que conseguían modular su ritmo cardíaco, conocer mejor su cuerpo, dominar sensaciones, eliminar el sangrado de heridas, etc. Reflexionaba sobre el yoga, los faquires, algunas personas que curaban a otras, las que “adivinaban” con el tarot …

 

Un año después de hacer el curso de control mental, se propuso por su ambición y carácter despierto, que no conoce límites, que quizá con control mental se podría rejuvenecer e incluso mejorar el físico (ideas transhumanistas que a él le fascinaban)

 

Primero probó un ejercicio básico. Se trataba de coger 2 partes de una misma manzana y trasladarle a una de ellas energía positiva para comprobar si se deterioraba más lentamente. Álvaro se sorprendió gratamente cuando comprobó tras varios días llevando a cabo el ejercicio, que efectivamente así sucedió, una de ellas se oxidaba a mayor velocidad.

 

Entonces su mente conoció un entretenimiento e ilusión que se convertirían en su nuevo hobby. 

 

En la naturaleza hay algas y plantas que viven eternamente; algunos animales, como las lagartijas o las estrellas de mar, tienen la capacidad para regenerar tejidos. Álvaro se propuso el mayor reto de la humanidad, parar el envejecimiento celular, enviando a sus células el mensaje para que se autorregenerasen.

 

Iba a tratar de rejuvenecer su cuerpo con el pensamiento. Para ello tendría que informarse sobre los procesos regenerativos, para tratar de mandar el mensaje a sus células y tener cierto control sobre su organismo. Se dedicó a estudiar biología, que ya le había encantado en su formación secundaria y en documentales que había seguido viendo. Trató así de entender mejor aún los procesos degenerativos, como la oxidación celular provocada por los radicales libres causados por el oxígeno, en la generación de energía en las mitocondrias; las mutaciones en la replicación del ADN; el acortamiento de los telómeros de los cromosomas en la reproducción celular; el envejecimiento neuronal, etc.

 

Pensó en algo sencillo primero, había percibido una ligera disminución de su cabello y la aparición de las “patas de gallo”, que él llamaba arrugas de la felicidad (por su sonrisa perenne). Tras varias semanas comenzó a percibir los cambios, la piel recuperaba elasticidad y firmeza poco a poco y el cabello parecía fortalecerse. La sensación era indescriptible, como quien descubre el mayor tesoro que pudiese encontrar la humanidad.

 

Luego elucubró sobre depurar su ADN, eliminó lunares, corrigió un problema de diferencia en altura de medio cm de caderas, desviación del tabique nasal, simetría general de las facciones, blanqueamiento de los dientes...

 

A continuación se le ocurrió que aumentar su melanina en la piel le daría un bronceado más favorable. Nunca le gustó tomar el sol y además así era más saludable. El resultado le agradó bastante y era divertido. Le daba el mensaje a las células y éstas generaban la melanina sin necesidad de acudir a la playa o a los rayos uva. Y además mantenía el bronceado.

 

Después reflexionó sobre mejorar su forma física. Siempre había estado delgado y había hecho algo de deporte, no demasiado. Ir al gimnasio le fatigaba y al cabo de unos meses lo dejaba. Pensaba que era una pérdida de tiempo y que no merecía la pena algo tan anacrónico como ir a levantar y bajar hierros pesados. Pensó que era mejor que su organismo actuase hipertrofiando la musculatura, tal como lo haría si fuese una hora al día al gimnasio, pero aprovechando ese tiempo en algo más ameno. Debía enviarle a sus células el mismo mensaje que se generaba cuando se hacía musculación.

 

Poco a poco, su físico comenzó a mejorar, la masa muscular iba subiendo y tonificándose. Lo cual le generó una satisfacción espléndida.

 

De pequeño, Álvaro fue el más bajito de su clase. Al igual que su padre y hermanos, desarrolló su físico más tarde de lo habitual y hasta los 17 años no “dio el estirón”. A esta edad se talló para la mili con 1,60 m. Por lo que pensó que quizá podría crecer más, ¡¡¡a los 35 años!!!  Pensó qué estatura sería la ideal; 1,85, quizá 1,90. 1,95. Pensaría sobre ello, no quería pasarse.

Finalmente pensó que 1,90 era adecuado. Siempre habría tiempo de dar un “estironcito” más.

 

Fue creciendo a una media de un cm por mes. Por lo que le llevó casi año y medio alcanzar el 1,90 que se había planteado. 

 

Las personas que le conocían, tanto de la familia, amigos y clientes, se llevaron una sorpresa tremenda. Los primeros meses le decían: has engordado, estás más fuerte. Sí, bueno, estoy haciendo deporte y el cuerpo lo agradece, decía él. Después pasaron a decirle, pareces más alto, le miraban los zapatos. Álvaro siempre había andado bastante recto, ahora andaba más relajado para disimular el incremento de altura. Pero una vez creció más de 10 cms. era evidente y no podía disimularlo. La gente le veía más fuerte y mucho más alto y le pedían una explicación convincente. Él les decía que parecía que estaba dando el 2º estirón y que hacía mucho deporte. Le preguntaban cuánto había crecido, su porte era llamativo, lo cual era acusado por algunas chicas que le miraban al pasar. A quien insistía, le decía que no sabía el motivo pero que esperaba no crecer más y se reía.

 

Al cabo de dos años Álvaro había rejuvenecido, teniendo el aspecto de un chico de 25 años. Sus tejidos eran más elásticos, su piel más hidratada, las canas habían desaparecido y lo más importante, cada día bajaba a nivel alfa sus ondas cerebrales, y se sugestionaba para mantenerse en la eterna juventud

 

Su ilusión y felicidad eran notables, se veía a sí mismo que podía realizar lo que se propusiese, y eso le hacía feliz y altamente motivado. Había sobrepasado barreras de lo “posible” hasta ahora.

 

 

¿Qué vendría ahora?

 

Álvaro quería mantener el anonimato, quería disfrutar de esta pasión pero no ser un conejillo de indias ni ser visto de modo extraño. 

 

También era consciente de que lo único que hacía era jugar con el ADN y con su organismo, algo que el propio cuerpo ya hace, los virus y todo el reino animal. Simplemente había tomado consciencia de ello y podía transmitir esos mensajes a su organismo. Las leyes de la Naturaleza eran las mismas.

 

El siguiente paso era algo que a Álvaro siempre le había suscitado interés, mejorar su CI (Cociente Intelectual). Era el común de un ingeniero, 128 según Mensa, por encima del 98% de la población según esta organización. Pero poco para él, sobre todo si se puede mejorar y si se comparaba con algunos superdotados que conoció en la universidad.

 

Pensó en aumentar sus conexiones neuronales y el número de neuronas. Álvaro debía tener cuidado de no programar algo que pudiese generar un problema o enfermedad y que no se saliese de lo “natural”.  Por otra parte, pensó que al igual que sucede con la hipnosis, el organismo no permitiría hacer algo que fuese negativo para sí mismo. Comenzó ésta, su más apasionante aventura. Cada día dedicaba una hora a la sugestión interna, bajaba a nivel alfa sus ondas cerebrales, se relajaba y conectaba con su organismo para trasladarle el mensaje que debía ejecutar. Al cabo de 3 días se encontraba un poquito más “smart”, más ágil de mente. Comenzó a testearse con juegos mentales, como sudokus, el cubo de colores, juegos y programas de brain training (entrenamiento mental). 

 

Cada día se sugestionaba con mayor pasión y después se dedicaba a testear su c.i. e ir superándose a sí mismo.

 

Al cabo de 6 meses su CI había incrementado en un 50%.

 

Cuando Álvaro aumentó su red neuronal, tuvo una mayor clarividencia, inteligencia verbal, capacidad para los idiomas, memoria. Su creatividad también fue favorecida.

 

Fruto de este desarrollo, a continuación surgieron nuevas motivaciones, Álvaro leyó todo lo que encontró sobre el funcionamiento de la memoria, quería tratar de manejarla a su antojo, poder recordar lo que desease, alcanzar recuerdos de la infancia, y para ello trabajó este área y estudió al respecto. Debía entender los procesos del organismo para poder manejarlos y transmitir los mensajes adecuados a sus neuronas.

 

Aplicó técnicas nemotécnicas de los campeones mundiales de memorización como Ramón Campayo, entre las que se incluían la asociación inverosímil o la técnica de los casilleros mentales. Consiguió una sustancial mejora de su memoria: poder olvidar lo que deseaba y recordar y memorizar lo necesario.

 

Con estas nuevas capacidades mentales, sus retos y propósitos iban en aumento, y su curiosidad era insaciable, pasaba muchas horas al día devorando conocimiento de diversas ciencias. Se interesó por técnicas de lectura rápida para poder optimizar su tiempo y aprender más rápido. Pensó que le habría venido muy bien todo esto en sus años universitarios. Le hubiese permitido reducir horas de flexo estudiando, y salir y relacionarse más, además de viajar.

 

Pensó muchas veces años atrás, que el hombre debería poder volar también. Eso con la modificación genética mental no veía modo de hacerlo. Habría que diseñar un humano que además tuviese alas en la espalda. Sería maravilloso, pero saltarse millones de años de evolución no sería viable, ni la posibilidad de hacer pruebas estaba exenta de riesgo. De modo que Álvaro, de momento, dejó esta idea en stand-by.

 

Álvaro sabía que en algún momento debería hacer público su descubrimiento, porque era consciente de que sería una gran medicina para el mundo, quizá también un peligro. Pero él pensaba que el organismo no haría nunca nada que considerase peligroso para sí mismo. Al igual que en la hipnosis, el subconsciente no permitiría realizar algo peligroso que vaya en contra de la integridad física. 

 

Su madre tenía 71 años y pensó que debería ayudarla para que su vida no llegase a su fin más adelante.

 

Lo siguiente que Álvaro pensó es si era posible que él indujese estos cambios a otra persona, o es algo que sólo una persona puede crear en sí mismo. Siendo así, podría ayudar a su madre a mejorar su memoria, sus capacidades mentales y a rejuvenecer. Por lo que ésta fue su siguiente tarea que compaginaría con otras más.

 

Álvaro pensó que no dedicarse por entero a esta nueva pasión era una pena, por lo que decidió que tendría que pensar cómo generar dinero y buscar una persona que le sustituyese en sus empresas.

 

Creyó que podría prestar sus servicios a personas con dinero que quisiesen realizar cambios de cirugía por ejemplo, o de salud. Esto le llevó a pensar que podría saturarse por el volumen mundial de personas necesitadas a este respecto, y por otra parte que no hacerlo era una falta de altruismo y egoísmo por su parte. Determinó que era más fácil y verosímil, generar este dinero vía cambios estéticos que vía sanación, que suscitaría mayor escepticismo. La estética permitía llevar a cabo una prueba gratuita y realizar el tratamiento con un precio superior al de una cirugía (más invasiva).

 

Realizó la primera prueba con alguien cercano. Quedó una mañana de Domingo con una de sus amigas de confianza, Silvia, con la cual había mantenido una íntima relación de buenos amigos-amantes hacía unos años. Silvia tenía lunares en su piel. Álvaro le preguntó: “Silvia, si pudieses borrar uno de tus lunares, ¿cuál te gustaría hacer desaparecer?”. Silvia no entendió el cometido de la pregunta, pero ante lo místico que le resultaba Álvaro, le contestó. “Uno que tú conoces muy bien, y está junto a mi pezón izquierdo”. Álvaro le respondió. “Voy a intentarlo Silvia, tranquila. Cierra los ojos, haz tres respiraciones profundas contándolas mentalmente, y trata de mostrarte sensitiva hacia mí”. Álvaro se concentró, bajó a nivel Alfa sus ondas cerebrales, y comenzó a visualizar los glóbulos blancos de Silvia dirigiéndose hacia el “familiar” lunar, deshaciendo las células que lo formaban y poco a poco haciéndolo desaparecer. Estuvo durante 5 minutos concentrado, hasta que creyó haber programado el sistema inmunológico de Silvia.

 

Le preguntó a Silvia, “¿qué has sentido?”, ella le respondió. “Sentía como si el lunar quisiera desaparecer, un ligero hormigueo sobre él, y a la vez sensación de relax”.

 

A continuación Álvaro le dijo, “llámame dentro de unos días si observas que el lunar se reduce”. Silvia se quedó extrañada, pero de Álvaro podía esperarse tantas cosas, que realmente creyó que vería algún cambio.

 

Al día siguiente Silvia llamó a Álvaro y le dijo que creía que el lunar se veía un poco más pequeño, pero no estaba segura. Sin embargo al cabo de 5 días Silvia llamó a Álvaro a las 8:15 de la mañana. “Álvaro, no te lo vas a creer, acabo de salir de la ducha y el lunar ha desaparecido!!!! ¿Cómo lo has hecho? me lo tienes que explicar!!!!”. Álvaro le contestó, “tranquila Silvia, relájate. Te lo explicaré, pero prométeme que no se lo dirás a nadie”... 

 

Realizada esta comprobación, Álvaro ya sabía que cualquier persona podría programar su organismo con su ayuda externa, de modo que trazó su plan...

 

Hizo varias sesiones sencillas, corrigiendo el tabique nasal, quitando verrugas y lunares. Ofreció el servicio por Internet. Quedaban en un hotel y hacía firmar un contrato de confidencialidad. Dejó un número de móvil para que pudiesen localizarle. Mediante prescripción “boca a boca” rápidamente se hizo con una cartera de clientes que cubrían sus necesidades financieras. Álvaro no era una persona de altas necesidades económicas o gustos caros. Le gustaba un buen coche, una moto, un chalet en la costa y con poco más se conformaba. No pensaba en ser multimillonario, ni le motivaba. ¿Para qué?, lo que él había descubierto no tenía precio.

 

Álvaro pensó que debía ayudar a la gente y se propuso durante una hora al día abrir una web en la que se conectase online quien quisiese curarse de ciertos problemas no quirúrgicos, principalmente el cáncer, y tratar a todas las personas al mismo tiempo. Así creó una web Quererespoder.org, donde no cobraba ningún dinero, solo dejó un nº de cuenta para donaciones. Necesitaba o al menos le ayudaba, poder ver a la gente. Creó mediante su consultora de Internet www.prodidia.com, un sistema de videoconferencia, y una hora al día entraba y transmitía energía a aquellas personas para curarles el cáncer. Las personas escribían su problema bajo el recuadro de su cam y él las veía concentrándose en todas ellas. El sistema admitía 9 personas inicialmente, tuvo que ser ampliado posteriormente.

 

La prensa se hizo eco. Él nunca mostraba su rostro ni su nombre, dejó algo sobre él escrito y por qué hacía esto. No quería fama ni darse a conocer. Sólo contribuir a la humanidad, pues lo contrario le parecía un egoísmo.

 

Álvaro comenzó después con el SIDA. El sida remitía más fácil. En pocas sesiones la mayoría de las personas se curaban. El sistema inmunológico detectaba los virus y los eliminaba tal como se elimina un resfriado, en una semana. Las personas que se curaban de Cáncer y Sida, al hacerles los análisis en el hospital, los médicos no daban crédito a la remisión espontánea. Los propios oncólogos comenzaron a prescribir la web a sus pacientes y a interesarse por el misterioso personaje que había detrás. Cuando varios casos se presentaron en los mismos hospitales, la noticia se hizo eco. Los pacientes le prescribían y en los foros de Internet entre el escepticismo y furor de la noticia se generó un tráfico importante hacia la web. 

 

Esto comenzó a agobiar a Álvaro, pues los emails eran tan numerosos que no podía leerlos, y las historias de casos terminales y dolorosos le abrumaban. No podía evitar dejar correr sus lágrimas cuando leía casos de niños y otros seres humanos con enfermedades que afligían sus corazones.

 

Álvaro era ateo desde los 21 años, cuando tuvo una profunda reflexión y decidió redefinir sus creencias en base, no a su educación sino a su lógica y sentido común. En este punto, Álvaro sentía rabia e impotencia, él no era omnipresente ni todopoderoso como Dios, pero tenía la carga de responsabilidad que le apesadumbraba ahora que recibía las súplicas de aquellas personas que tenían esperanza en él. En una ocasión, tras leer una carta de una niña de 13 años con una enfermedad terminal; con sus ojos destellando dijo en voz baja “¿Dios por qué me dejas esta responsabilidad?, ¿dónde estás?, tantos millones de fieles que te siguen engañados, los rezos, las súplicas y la fe, ¿sirven para algo? Nadie ha dado más pruebas de su inexistencia que TÚ”. 

 

Álvaro tras estos hechos que le sobrepasaban, cambió de estrategia, ésta ahora sería compartir su conocimiento para que otras personas también pudiesen ayudar, y cada persona a sí misma también.

 

Álvaro pensó en algún momento si su capacidad de control sobre su organismo sería una característica única suya o no. No se creía nadie especial, pensaba que cualquier persona debería poder hacerlo. Aunque para ello debería entrenar y coordinar algo en su cerebro, que él no sabía cómo enseñar.

 

Creó otra web para compartir sus conocimientos y experiencias, junto a un foro, tratando de ayudar a transmitir su “don”. Dejó también un nº de cuenta para donaciones. Ésta web obtuvo un tráfico altísimo apoyado por el site previo y los enlaces de la prensa. Aunque no resultó fácil para todas las personas que lo intentaban, poco a poco iban surgiendo personas que lograban dominar esta disciplina y comenzaron a aparecer muchas personas que ayudaban a otras, entre ellas profesionales de medicinas alternativas y los mismos médicos que le habían prescrito con anterioridad al verificar la remisión espontánea de sus pacientes.

 

Las donaciones de ésta y la otra web ascendían a  los 100.000 € diarios. Álvaro no sabía qué hacer con tanto dinero. Lo invertía en bolsa, parte en algún capricho y realizaba donaciones. Le gustaba vestir bien y viajar.

 

Ahora que Álvaro se había aliviado y había delegado su “don” en otras personas que exponencialmente iban aumentando, volvió a su afán investigador. A Álvaro le atraía la física cuántica y la posibilidad de interacción de las energías. Fantaseaba con la idea de poder volar sin alas, pues las alas era un proyecto arduo que descartó.

 

Álvaro pensó también que puede que le gustase y resultase divertido escribir un libro, y en ello está ;)

 

Antes de volar, quiso investigar más a fondo. Se concentraba en la telequinesis. Su confianza y seguridad habían incrementado sobremanera, por lo que se veía capaz de casi cualquier cosa. Comenzó su sesión de relajación y concentración que siempre iniciaba para sus ejercicios, y sacó punta a un lápiz. Intentó mover los trozos de madera enroscada del lápiz, pero no lo consiguió. Álvaro pensó que merecía la pena intentarlo varias veces. Sería demasiado fácil si salía a la primera. Su optimismo siempre estaba presente.

 

En el tercer intento consiguió moverlas. Creyó que sería una corriente de aire. Pero no había ventanas abiertas. Entonces decidió levantarlas, y a los 15 segundos levitaron!!!. Luego decidió moverlas en el aire, le imprimió aceleración, deceleración, cambios de giro. Era muy divertido. La serotonina de su cerebro se disparaba. Álvaro pensó si habría límite en el peso de los objetos y cuál sería. Creyó que sí debía haber límite, pues podría moverse un planeta y destruir incluso el universo.

 

Comenzó a hacer pruebas con una bola, un lápiz, y se dio cuenta de que según iba entrenando podía levantar mayor peso y tener mayor control. Su ilusión era poder levantarse a sí mismo, imprimirse aceleración y poder volar. Un sueño recurrente desde su infancia.

 

Probó a levantar un gato, aún no podía. Probó a levitar y no lo consiguió.

 

 

Su físico parecía el de un modelo de 25 años, pero con la mirada segura y convincente de alguien mayor con experiencia y sabiduría. Estaba tan absorto en sus investigaciones que el amor lo tenía apartado. El sexo, del que en los últimos años había estado satisfecho, ahora con su físico mejorado lo seguía manteniendo igual, pero no le motivaba una relación. No era promiscuo, prefería tener una amiga especial, cariñosa y de confianza, pero que no se enamorase de él. Novia por una noche decía él, pero amiga el resto del tiempo. Siempre había sido exigente y ahora lo era más aún.  Con sus nuevas motivaciones, sin envejecer y con 25 años de físico, no tenía prisa en encontrar a su media naranja.

 

 

Pasaron 5 años y la vida de Álvaro había dejado una impronta en la sociedad. Muchas personas habían seguido sus pasos, habían aprendido a controlar sus organismos, a mejorar su capacidades cognitivas. Muchas enfermedades eran curadas ahora con “medicina interior” la llamaban. Las terapias incluso en psicología y psiquiatría habían incorporado “técnicas del interior”.

 

Álvaro vivía en el campo investigando en sus nuevas disciplinas, física cuántica, la energía; y disfrutando de las cosas sencillas que le evocaban su infancia, bajar al río a cortar zarzas, tumbarse en el suelo a oler la hierba mojada, impregnarse de la naturaleza. Su madre ahora había rejuvenecido y disfrutaba de una juventud inesperada. Sus hermanos mayores también y algunos familiares. Sus amigos recurrían a él con frecuencia. Finalmente se filtró y se dio a conocer quién fue el origen del “mundo interior”, pero a él no le atraía la fama ni ser conocido, prefería pasar desapercibido.

 

Con el paso del tiempo se hizo cada vez más independiente, incluso un poco ermitaño, quizá por sus diferentes motivaciones e inquietudes, a lo que probablemente influyó el aumento de su CI.

 

Acabó viviendo en su cortijo familiar de la infancia y viajando constantemente por el mundo, relacionándose con diferentes culturas y personas místicas. Seguía sin pareja estable. Tenía varios negocios que presidía delegando en su totalidad, le gustaba poner en práctica ideas y tratar de ayudar a la humanidad. No usaba móvil y contactaba por telepatía con quienes deseaba. Se le podía contactar pensando en él, pero no siempre contestaba. Hay personas que aseguran haberle visto flotando en el aire, y en varios lugares al mismo tiempo. Viajó y recorrió todos los países, se le vio en numerosos lugares, pero curiosamente no tenía pasaporte ni le vieron en ningún aeropuerto. Hay quien dice que viajaba con la mente…

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