Nicolai la había conocido de adolescente y ya tenía una leyenda. Helena Blavatsky pertenecía a los Dolgokurov, familia con zarinas en  el árbol genealógico, hija de la novelista Andreievna, una especie de George Sand eslava. De pequeña era una niña rara. Se contaba que con cuatro años causó la muerte de un joven siervo que le había tirado de la trenza. Lo amenazó con las "russalkas", ondinas de los bosques que cosquilleaban a los niños hasta matarlos de risa. El chico, despavorido, salió corriendo, se metió en el río, y se ahogó. Las sirvientas rusas la llevaban algunas noches a sus chozas para que les espantara los espíritus. La madre, por su vida bohemia de escritora, la tenía abandonada. La Andreievna murió cuando Helena Petrovna tenía doce años. Desde muy pequeña, le daban ataques de rabia tremendos si alguien se oponía a sus designios. Una sirvienta, teniendo Helena diecinueve años, le pronosticó que con ese carácter no se casaría con nadie serio. Lo tomó como desafío; a los tres meses se unió en matrimonio con el general Nicéforo Blavatsky, veinte años mayor que ella. A los pocos días de casados, le abandonó. Volvió con el padre, pero tampoco duró mucho. Salió de Rusia, viajó por Egipto, Turquía… hasta llegar a  la India y el Tibet. Allí aprendió las doctrinas secretas de los sabios budistas. Volvió de nuevo a Rusia, tuvo varios amantes, uno, cantante de ópera de segunda categoría. No se sabe cuál de ellos fue el padre de Yuri, un niño que salió jorobado. Según Nicolai, sólo con ese hijo se le vio humana. Yuri murió con cinco años. Helena tardó mucho en recuperarse de la pérdida. Abandonó el cristianismo. Se vino a América con unos cuantos dólares y malvivió en pensiones cooperativas. Trabajaba por las mañanas en una fábrica de bordados, por las noches dirigía sesiones de espiritismo. Hasta que conoció al coronel Olcott, antiguo combatiente en la guerra civil que, al terminar ésta, se convirtió en periodista; como tal, hizo unos reportajes sobre los hermanos Eddy, médiums famosos de una granja de Vermont. Allí le conoció Helena. Formaron una alianza y fundaron la Sociedad Teosófica. Nicolai terminó diciendo: "No hagas caso de las habladurías, los colegas creen que trabaja de espía para Rusia, pero yo te puedo asegurar que no. Todo ha surgido porque los servicios secretos ingleses la tienen vigilada en Bombay. El indiscreto de sir Lionel lo va diciendo por ahí a quién quiera oírlo. A mi país le interesa mucho lo que vaya a ocurrir en la India cuando tengan que abandonarla los ingleses, no niego que apoyamos a los independentistas, pero nunca nos serviríamos de una mujer tan incontrolable".