A  Lucía

 

Del tierno pecho aquel amor nacido,

que en él viviendo mis delicias era,

creció, quiso del pecho salir fuera,

pudo volar y abandonó su nido;

 

y no logrando yo darle al olvido,

le busqué inútilmente por doquiera,

y ya pensaba que en la cuarta esfera,

se hubiese al centro de la luz unido,

 

cuando tus ojos vi, señora mía,

y en ellos a mi amor con mi esperanza,

y llamándole a mí, tendí los brazos;

 

mas él me desconoce, guerra impía

mueve en mi daño, y flechas que me lanza

hacen mi pobre corazón pedazos.

 

 

Juan Valera